Jesús Sana a un Leproso
La lepra no era solo una enfermedad; era exclusión. El leproso vivía fuera de la ciudad, gritaba “¡inmundo!” para que nadie se acercara y podía pasar años sin recibir un toque humano. Este hombre se arrodilló delante de Jesús y le dijo: “Si quieres, puedes limpiarme”. No dudaba del poder, sino de la voluntad.
Marcos dice que Jesús, movido a misericordia, extendió la mano y lo tocó. Según la ley, quien tocaba a un leproso quedaba impuro. Pero con Jesús ocurrió lo contrario: Su pureza pasó al hombre. “Quiero. Queda limpio”.
Jesús no siente asco de nosotros. Quiere limpiarnos, y Su toque alcanza justamente lo que más escondemos.
- ¿Crees que Dios puede cambiar tu vida, pero en el fondo dudas de que quiera hacerlo?
- ¿Qué te ha hecho sentir “impuro” y alejado de las personas y de Dios?
